“Quise dejar todo e irme a Rosario”

 

Ya no anda en bicicleta, pero igual es cada día más difícil intentar agarrarlo. El Dany, su bicicletero con el que trabajó por dos semanas en el verano, lo extraña. Todo Rosario lo extraña. El también extraña. Vive un momento mágico en Avellaneda, pero no se puede olvidar de su familia, de sus amigos, de los picados en el terreno del Gordo Tony hasta que caía el sol y donde tenía que esquivar las patadas para no tener problemas con su abuelo y con Pablo Sexto, su club de pibito. Brian Mansilla, con apenas 19 años, le sobre cabeza. Dentro de la cancha, siendo claro e inteligente, y afuera, mostrando una madurez sorprendente. El zurdo no se encandila con las flashes en este arranque de año siendo una de las figuras en el Sudamericana Sub 20 y ganando mucho terreno en Racing. Quizá, todo lo que vivió de chico, todos el esfuerzo y sacrificio, hacen que ahora encare las cosas de otra manera. “Estuve casi seis años en la pensión del club. Pasé mucho tiempo lejos de mi familia, perdí de estar con ellos en los cumpleaños: de mi papá, mamá o el mío. Porque a la distancia no sentís ese cariño que te pueden dar. Un abrazo, un beso, un regalo, un desayuno que te hagan… Eso duele. Lloré mil veces en la pensión de tanto extrañar. Encima, tuve que soportar lo de mi abuela”, le cuenta el zurdo a Racing de Alma, a horas de entrar al Cilindro para ser titular por primera vez.

-¿Qué le pasó?

-Falleció hace dos años y medio. Tenía problemas con al diabetes. Viajé a Rosario un fin de semana para verla y ya le habían cortado una pierna. A los meses meses murió. Fue lo más fuerte que me pasó, encima a distancia. Me dolió mucho, pero mi abuela hubiera querido que yo pasara este momento que vivo ahora. Es mi mejor presente. Ella hubiera querido verme siempre con una sonrisa. Fue una de las personas que más me apoyó. Mi abuela siempre me pedia que soñara todas las noches y le hice caso. Lo pude cumplir.

-¿Y cuál es la sensación?

-Hermosa. La gente del club que me conoce sabe lo que pasé para llegar hasta donde estoy. Ahora tengo que seguir trabajando y, sobre todo, ser feliz como me decía mi abuela.

-¿Qué momentos más duros recordás en la pensión?

-Siempre les digo a los chicos de la pensión que durante el día no se extraña tanto a la familia porque hay actividades para hacer: vas al colegio del club, comés, dormís una siestita, vas a entrenarte… El problema es cuando llega la noche, te vas a dormir y te ponés a pensar en sus seres queridos. El primer año es el más complicado porque venís a una vida diferente.

-¿Cómo aguantaste?

-Fue clave la psicóloga del club, Cecilia Contarino. También los recepcionistas. Son grandes personas. Yo me desahogaba con algún grande por mis problemas familiares.

-¿Llegaste a pensar seriamente en largar todo para volver a Rosario?

-Sí, tres o cuatro veces llegué a ese extremo. En una, en 2013, llamé a todo el mundo. Y me decían: “No seas boludo, quedate allá, acá no vas a hacer nada, vas a perder mucho. Ya soportaste dos años, aguantá…”. Llamé a mi papá, le dije que no aguantaba más y me largué a llorar. “Tranquilo, hijo, quedate tranquilo”, me decía. Cuando me tocó hablar con uno de mis hermanitos, me dijo: “Yo también te extraño”. Como él también se puso a llorar, yo me sentía peor. Fue un momento feo, pero después se me iba pasando.

-¿Por qué festejás haciendo la venia?

-En honor a mi viejo, que es militar. En un momento hubo una confusión: muchos pensaron que lo hacía por el festejo de Licha. pero no. Igual, si se lo tuviera que dedicar a Lisandro, lo haría. Me ayudó mucho, como otros tantos del plantel.

-¿En qué?

-En su momento le comenté a Licha que me podía ir a préstamo a Quilmes. me aconsejó que me fuera, que me iba a servir porque iba sumar minutos. Y así fue. Me fue bien, volví y hoy estoy más considerado que antes. Si no me hubiera ido, no estaría como ahora.

-¿En Rosario dónde jugabas?

-Fue medio un quilombo. Yo jugaba en Pablo Sexto un club humilde de barrio. En la liga rosarina me destaqué mucho. Un representante de Rosario me ofreció una prueba en Lanús. “Buenísimo”, le dije. Cuando fui, quedé. En ese año era Prenovena yo. Mis viejos me avisaron que ese año tenía el viaje de la escuela a Mendoza, con la República de Bolivia, la escuela 610 a la que iba yo. Y se complicó todo…

-¿Por?

-Me fui con mis compañeros de la primaria, pensando en volver a Lanús al otro año. Cuestión que Jorhe Theiller, coordinador de Newell’s, también me quería. Siempre me iba a buscar a mi casa. Me insistía, iba a buscarme todos los meses. “Vas a jugar en AFA, el 23 de enero arrancás la pretemporada con Newell’s”, me decía. “No, yo quiero jugar en algún club de Buenos Aires, quiero salir de mi barrio”, le contestaba yo. Como la pensión de Lanús estaba en reformas, no podía volver. Y en el medio me salió algo de San Lorenzo. Pero me dijeron que, aunque jugaba bien, no había lugar en la pensión. Volví a indignarme de nuevo…

-¿Y entonces?

-Volví a Rosario, faltaba poco para que cerrara el mercado de pases.Hasta que aparecieron Colombatti y Antonio Mur para hacerme una prueba en Racing. Yo pensaba: “Si no quedé en San Lorenzo ni en Lanús, menos voy a quedar en Racing, que es muchísimo más grande. Yo ya estaba resignado.

-Te equivocaste…

-Sí. Mi primer entrenamiento en Racing fue el mejor que tuve en mi vida: hice dos goles, la rompí. “nene, vení que queremos hablar con vos”, me avisaron. Me dijeron que viajara a Rosario para traernos todas las cosas a Buenos Aires. Así nomás, de la nada. A todo esto, el presidente de Pablo Sexto ya había arreglado con Theiller que yo iba a jugar en Newell’s. Estaba firmado el pase. Yo no quería jugar en Newell’s. Mi viejo y mi tío fueron a la casa del presidente de mi club y arreglaron todo. Lo querían cagar a trompadas, je.

-¿En qué barrio viive tu familia en Rosario?

-Para el que lo conoce, es un barrio tranquilo. Pero viéndolo de afuera,  es medio picante. Hay zonas en las que después de las 10 de la noche no podés andar. Están los pibes de la esquina por todos lados, a la expectativa de todo.

-¿Cómo eran los partidos en el barrio?

-A tres cuadras estaba el campito del gordo Tito. Mi abuelo no me dejaba ir porque yo volvía cagado a patadas y ya jugaba en el club. Mi vecino, Rodrigo, me hacía señas. Yo le decía a mi abuelo que iba a la puerta, pero me agarraba las zapatillas, o a veces en patas, y saltaba un tejido para irme a jugar. Me iba a las tres de la tarde y jugábamos hasta que oscurecía en la cancha de tierra. Si había otro equipo jugando, hacíamos el “al gol sale”. Teníamos hasta un clásico contra los pibes del fondo. Era hermoso. Ahora vas al campito y está lleno de ranchos. Se armó terrible villa.

-¿Cómo fue ver semejante mural cuando llegaste a Rosario después de tu paso pro la Sub 20?

-Hace dos semanas atrás yo estaba en mi casa. Veía que venía mi hermano, amigos…Era como que no querían que saliera de la casa. En un momento, voy a la casa de la mujer de mi papá, y viene el gordo Sebas, terrible. “Ey, Mono, es verdad que te están haciendo un mural en la esquina de Quintana”, me preguntó. Yo no entendía nada. salta un familiar y lo retó: “Gordo, sos un pleotudo, era una sorpresa”. Comimos un asado, después me vendaron los ojos y me llevaron a ver mi mural. Una felicidad enorme. Encima me hicieron festejando el gol con los dedos hacia el cielo, en homenaje a mi abuela.

-¿Quién es tu ídolo?

-Siempre me reflejé en Carlos Tevez. Vivió en un barrio picante, pasó  muchas cosas. Leí que estaba en un lugar donde había mucho tiroteo a la noche. Y yo también lo pasé. Lo tomé de ejemplo a él. Yo pensaba: “Si Carlos Tevez llegó a Primera en medio de tantos quilombos, por qué yo no”.

 

-¿Cómo será reemplazar a Acuña?

-El Huevo es una pieza muy importante en este equipo. Sería una hermosa responsabilidad poder estar a la altura. Estoy mucho más maduro que antes. La Selección me ayudó mucho por la posición donde me puso Claudio. Estoy tranquilo, si me toca trataré de jugar de la mejor manera.

-¿Qué te pide Cocca?

-Que sea picante en el mano a mano, que gane los duelos, que llegue hasta el fondo y mande el centro. Que tire alguna diagonal cuando me guste de tres cuartos de cancha hacia arriba. Quiere que rompa hacia adelante. En lo defensivo me cuesta un poco más porque fui delantero en todas las Inferiores.

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