“Creían que podía morirme”

Sus dos asistencias en el triunfo sobre Godoy Cruz (una al Pulpo González y otra a Bou) le significaron dos frutos más recogidos de un árbol plantado por una historia difícil, que lo terminó viendo como ganador. A los 21 años, mano a mano con Olé , Pablo Cuadra disfruta de haber participado activamente en la victoria del sábado (entró desde el banco), sin olvidar un pasado que le puso una barricada a sus sueños de pibe. Incansable luchador, aprendió a blindarse con demostraciones de superación y hoy es el futbolista que siempre quiso ser.

“A mis 10 años, en San Nicolás, me habían seleccionado para un torneo. Cuando me fui a hacer los estudios médicos, me avisaron que si seguía jugando me iba a morir. Que no podía hacer más actividades físicas por problemas cardíacos. ‘Si no me morí en todo este tiempo, voy a seguir’, pensaba”, cuenta Cuadrita, hoy con una sonrisa al recordar aquellos tiempos de porfiado. Ese niño no claudicó, menos que menos su familia.

-¿Continuaste aun arriesgando tu salud?
-Mi papá me llevó a otros dos lugares donde los exámenes me salieron bien. Al final pude jugar el torneo y después me vine a la clínica Favaloro. “¿Qué hacés vos acá? Vos estás bien”, me dijeron. Eso no fue todo. Un día me puse a vomitar, con fiebre y delirios. Parecía que me moría. En el hospital no sabían lo que tenía. Mis viejos me llevaron a una curandera que hizo magia, je. La mujer me dio un yuyo y también se puso a vomitar.

-A pesar de todo pudiste llegar a Racing…
-Sí, pero antes de eso no quise jugar más. Todos los clubes me rechazaban por un problema físico: era demasiado chiquito por mi altura y porque era muy flaquito. “Tenés menos carne que una ensalada de verdura”, me dijo el coordinador de un club. Me probé en River, Boca… Todos me hablaban bien de mis condiciones, pero el físico no me ayudaba. Tenía 12 años y ya no quería más.

-¿Qué pasó después?
-Mario Rodas, un amigo, me insistió y me trajo a Racing. Estuve tres días probándome en Buenos Aires. Una vez me citaron para volver a la otra semana. Había quedado. Pero como no me daban pensión, me volví a San Nicolás. Antonio Mur me vio jugar allá y me pidió que volviera. Me prometió que si en liga me iba bien, me darían un lugar en la pensión de Racing. Y así fue. Ahí empecé a cambiar física y futbolísticamente.

Foto: Alfredo Martínez

-¿Qué hiciste?
-Trabajé mucho en doble turno, en el gimnasio. Ahora me veo muy diferente. Además, antes sufría muchas lesiones y desde hace más de un año, nada. Igual tuve un bajón: previo a firmar mi primer contrato, no quería venir más: había quedado muy relegado en Reserva. Hasta que Ubeda me dio la chance de jugar y me volvieron las ganas.

-¿Qué hubiera sido de vos si no jugabas?
-Mirá, no sirvo para nada. Ni para el estudio ni para otras cosas. Soy un burro. Leo dos palabras y enseguida me las olvido.

-¿Qué te transmitió el vestuario el sábado?
-Fue fuerte recibir halagos de Orion, Aued o Licha. Apenas termino el partido, Agustín me dijo: “Entraste muy bien, seguí así, sostené esto. Cada vez que te den una oportunidad, demostrá lo que hiciste este sábado”. Lisandro también vino a felicitarme.

-¿Qué ves en Licha?
-Lo máximo. Hace todo bien. Es mi ídolo. El y Messi. También me impresiona Bou: tiene mucha potencia, siempre saca algo bueno, a veces de la nada.

-Por ser tu ídolo, ¿te dan ganas de pedirle algo a Licha como recuerdo?
-Me da vergüenza. Después de un partido me gustaría pedirle la camiseta. En algún momento lo haré. Ahora me pueden cargar, no te perdonan una, je.

-¿Te ves parecido a algún jugador?
-Me tiran un montón de nombres… Hasta me dijeron que me parezco a Alexis Sánchez por cómo encaro. Lo que más me gusta es lanzarme en velocidad, con diagonales. Lo hacía mucho en Reserva.

-¿Qué te falta?
-Jugar mejor de espalda. Trato de aguantarla como 9, pero no lo soy. Tengo que girar rápido, a un toque, como hacen Licha, Bou o Lautaro (Martínez).

-¿Con qué soñás?
-No sueño mucho. Lo mío es a corto plazo. Ahora me gustaría alcanzar a Boca. Para mí Boca se cae. No es el mismo del semestre pasado. Gana a lo Boca. Si un equipo se le planta como se le tiene que plantar, le puede sacar puntos. Nosotros debemos sostener el juego del último partido.

Fuente: Diario Olé.

 
 
 
 

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