“Si hubiera robado, no viajaría en tren”

Pasó tanto tiempo, que ese polémico presidente se convirtió en la imagen de un cálido abuelo. Canoso, con cinco centímetros menos de altura producto de una operación en la columna que lo tuvo un tiempo sin poder caminar, Osvaldo Otero rompió el silencio después de 20 años. Desde que se fue de Racing cuestionado, imputado por presunta administración fraudulenta y con orden de captura, el ex dirigente no había brindado entrevista alguna. Olé logró acceder a un mano a mano íntimo, en su modesta casa de Martínez, y en RdA te dejamos la extensa nota completa. En ella habla de todo. Se defiende, reconoce errores y cuenta cosas inéditas.

-¿Qué fue de su vida después de Racing?
-Lo que no acepté a los 42 años, que era jubilarme como Secretario de Deportes, lo logré a los 67. Es una excelente jubilación que me permite vivir tranquilo. Además, mantengo vinculaciones en el estudio jurídico donde participaba. Son relaciones que me sirven para estar activo desde lo profesional. Conversé mucho con Mac Allister sobre el diseño de su política deportiva. Soy un ferviente defensor de su gestión, pero creo que hay que profundizar en algunos temas deportivos. Como por ejemplo, en los clubes de barrio. En el Gobierno de Alfonsín eso fue muy bueno.

-¿Recibió algún llamado que lo sorprendió en este tiempo?
-Mi teléfono no lo tiene nadie. Lo cambié dos veces. La relación ha sido muy buena con la mayoría. En la época de Secretario de Deportes ayudé muchísimo a los clubes. Tengo un listado de subsidios de Alfonsín a los clubes… La pileta de natación de River, le firmé la intervención a Boca cuando se iba a la quiebra, el gimnasio de Arsenal, de Estudiantes, Gimnasia, Independiente… Mi relación venía de antes con los dirigentes del fútbol. Conservo esa lista, a mí no me jodas.

-¿Cómo era trabajar con Alfonsín?
-Yo le decía el Gordo. Eramos dos gordos que nos saludábamos. Yo lo chicaneaba, le pedía que no hablara de fútbol porque era hincha de Independiente. Le decía que tenía un secretario de Deportes que había permitido que Independiente fuera campeón en su primer año de Gobierno. Yo no lo dejaba hablar. “Dedíquese a la política, que es de lo que sabe y mucho”, lo picanteaba. Me acuerdo que yo tenía un Peugeot 504, el auto con el que llevé a Alfonsín al acto de la Federación de Box, al del Luna Park, al de la cancha de Ferro y al acto en la 9 de julio.

Otero, muy cercano a Alfonsín.

-¿Trabajó en la AFA?
-Sí. Cuando conversaba con Julio (Grondona), se cerraba la puerta, je. Ni él no yo hablábamos de lo que habíamos charlado en ese momento. Con Julio nos unía una relación histórica, familiar les diría, por Avellaneda. Aparte, porque llevamos adelante algo a lo que no le han podido tocar ni una coma: el Nacional B. Fue una gestión generada pro la Secretaría de Deportes de ese entonces, que hizo que Julio lo apoyara y llegara a mandar a 13 equipos al descenso en seis meses. Lo mismo hacíamos con la Liga Nacional de básquet, con el maestro Najnudel que me ayudó muchísimo.

-¿Por qué estuvo casi 19 años sin hablar públicamente?
-Porque fue muy fuerte todo lo de Racing. Muy fuerte… Me pareció que era un ciclo terminado. Hasta viví hechos de alguna violencia. Yo tengo hasta un balazo en un brazo desde aquella época en Racing.

-¿Qué imágenes recuerda de eso?
-En el año 1994, a las 8 de la noche, en mi estudio, tres tipos armados tocaron el timbre. Habían ido a pedirme que no me presentara en la selecciones del 95. Yo tuve una reacción violenta, el tipo cayó y yo empecé a correr por las escaleras hacia arriba. “Tirale, tirale, tirale”, le gritó el de abajo. Me disparó y la bala me pegó en el brazo. Me llevaron al Hospital Fernández. Me quedó la bala alojada en el cuerpo. A los 10 minutos del episodio, llamaron a mi hija y le avisaron que en la próxima, si seguía jodiendo en Racing, el balazo iría a mi cabeza.

-Pese a eso, se presentó igual como candidato.
-Por un lado me sentí asustado por mi familia, pero por el otro me salió el órgano masculino que me llevó a seguir adelante. Y los amigos que se me acercaron, y las agrupaciones, la Gloriosa Academia, la vieja agrupación racinguista. Demostré los huevos de que quería seguir adelante. Había que vivir eso, eh. Tuve una interna familiar tremenda, a tal punto que la noche de las elecciones del 1995 dormí en mi estudio, en la alfombra. Mi mujer no quería ni oír hablar de Racing. A este hijo mío, por la foto… (se pone a llorar) lo mandé a robar. Cuando yo sé que había ganado, pedí que me lo fueran a buscar. Mi mujer no se los quería dar, tenía 8 años. Lo llevó a la casa de mis viejos, en Alsina y San Martín. Es la alegría que tengo… Una demostración de huevos. Un desahogo por las cosas que me hizo el hijo de De Stéfano (Adrián). El era el travieso…

-¿Que le hizo?
-Pintó de punta a punta “Otero Droga” en toda Avellaneda. La casa de mis viejos… Por eso mucha gente después me decía que estaba loco por haberme presentado.

-¿Nunca tuvo miedo?
-Tuve unos huevos así de grandes… Les pegué trompadas a tres tipos. Entraron a venir policías. Ahora pienso que fue una locura esa reacción. No fue algo racional. Por milagro no me mataron. Eso me marcó en la vida. Por eso no quise volver a la política del club. No tengo derecho de sufrirlo yo ni la gente que me quiere.  Es muy injusto. El día que ganás, pasás una semana bárbara. Y cuando perdés, te putean en todos lados.

-¿Cree que lo mandó apretar gente de De Stéfano?
-No lo sé, no puedo incriminarlo a Juan. No creo que haya estado en una cosa así, más allá de las discusiones que teníamos. Pero pudo haber sido algún periférico de ese lado. Cuando me enteré de que a De Stéfano le robaron hace un año atrás, lo llamé por teléfono a su casa para darle mi mayor solidaridad.

-¿Y cómo reaccionó De Stéfano?
-Muy bien, quedamos en encontrarnos, pero después no lo cristalizamos nunca. A De Stéfano le tengo respeto porque es racinguista de verdad. Se pudo haber equivocado, como me pasó a mí, pero es de Racing. En un momento hicimos muchas cosas juntos, fue cuando Racing estaba en el descenso y yo era Secretario de Deportes. Por distintos caminos logramos que el club saliera adelante. En ese momento se hizo el Polideportivo, en la parte de atrás. Y Juan sigue viviendo en la misma casa donde vivía cuando no lo conocían. Eso marca lo que es como persona.

-Después de tantos años, ¿qué pensás del Racing que te tocó conducir en aquella época?
-Con el tiempo uno va aprendiendo muchísimas cosas. Como presidente uno administra sentimientos. Me acuerdo que yo recibí todo el estadio cerrado en la parte superior, inhabilitado por la Municipalidad porque se caía, se desmembraba todo. Con el diseño de una estrategia, vendimos 20 palcos a ciento y pico de miles de dólares. Más el apoyo de Nuevos Clubes Argentinos, que hoy son Meglatlon y Sport Club, y la ayuda del Banco Patricios, conseguimos el reciclaje absoluto del estadio. Fueron 8.000.000 de dólares, pero al club no le salió ni un centavo. Fue todo en canje. Vendimos plateas en al tribuna superior por 10 años y los palcos por el mismo tiempo. El día que le ganamos 3-1 a Sporting Cristal, faltando 10 minutos, Delgado hizo un tiro libre que no fue gol por poco. Yo demoré dos horas en llegar a mi auto por la cantidad de autógrafos que firmaba. Me besaba con señoras que tenían a sus hijos en brazos. En ese momento había una encuesta que me daba el 60% de imagen positiva. A la semana siguiente, como quedamos eliminados en Perú, fueron al hotel a gritarme que era un ladrón, una basura… En una semana cambió todo. Fue muy fuerte. Estábamos en el 1 a 1, nos habiamos endeudado con un plantel extraordinario, con el mejor técnico del fútbol argentino, que a mi gusto era Alfio Basile.

-¿Esa derrota en la Copa marcó la debacle económica?
-Se cayó todo abajo. Yo me hubiera quedado a vivir en Perú, en Machu Pichu. No me quería volver. Los últimos meses fueron durísimos porque no recibíamos los ingresos de la Libertadores. En el presupuesto habíamos incluido dinero por llegar a la final, ganarla y jugar la Intercontinental. Y ahí pareció la oposición, en ese momento encabezada por Lalín, que hizo todo lo posible para que llegáramos totalmente deteriorados al final de la gestión. Ese final fue muy duro y no me dieron ningunas ganas de seguir adelante. Había muchachos de Racing que festejaban…

-En tu Gobierno lo tuviste Lalín era el encargado del fútbol profesional. ¿Te traicionó?
-De lo único que no quiero hablar es de Lalín. Nunca más tuve contactos con él. Sí, voy a decir algo de Lalín: no tiene códigos. Y tampoco es del fútbol.

-Aquel plantel se bancó uno de los peores momentos en la historia del club. Deudas, intimaciones, riesgos de que quedaran libres en masa. ¿Cuál es tu autocrítica?
-Sí, se bancaron muchísimas cosas. Hasta que un día Quiroz me dijo: “Entró la interna de la política en el equipo”. Y eso lo noté enseguida por el reclamo de los jugadores. Antes de eso, todo se hablaba y arreglaba en el vestuario. Pero un día empezaron a trascender las dificultades que teníamos para pagar. Eran problemas propios de contratos, de primas de 300 o 350.000 dólares. Nos quedamos sin ingresos.

-Pero eso fue irresponsabilidad. ¡Dieron por sentado que recibirían dinero por llegar a la final y ganarla!

-Fue un error grande, absolutamente. Nos la jugamos demasiado, es cierto. Hasta pensamos en ir a Japón. Pasa que teníamos un equipo extraordinario, habíamos hecho una pretemporada espectacular, eliminamos a River en el Monumental, también a Peñarol en Montevideo. Pensábamos que podíamos hacer alguna transferencia importante al exterior… Es muy limítrofe la administración del fútbol, salvo que tengas el talento de fabricar jugadores como lo hicieron Racing, River y Boca en estos años para después poder venderlos. Hoy el punto de equilibrio de Racing es la venta de jugadores. Y encima a nosotros se nos cayó un proyecto alternativo que habíamos armado: el de la sociedad de gestión con Nuevos Clubes Argentinos. Pero perdimos la asamblea porque había más armas ahí adentro que afuera. La votación estaba empatada y yo debía desempatar siendo el presidente.

-¿Y qué pasó?
-Quería votar a favor, pero no quise hacerlo. Había mucho riesgo… Si lo hacía, habría terminado en los sillazos históricos de las asambleas de los congresos radicales, más o menos. Ojalá hubieran sido sillazos nada más… Yo me comí la noche de los bastones largos con Onganía, así que alguna gimnasia tengo… Ese día sentí que había olor a pólvora en el ambiente. Y si había algún conato grande, yo me hacía responsable. De hecho, tuve que esperar como una hora para salir de la sede. Y ahí intervino la Policía. Fue muy desagradable todo eso.

-Estaba la barra en ese lugar. Fue de público conocimiento.
-No, la verdad que yo no tengo ningún mal recuerdo de la barra de Racing. Tenían otros códigos.

-Pero hablamos de códigos en violentos que no deberían existir…
-Pero existían. Yo iba a la cancha con mi hijo, manejando mi auto solito, sin 200 guardaespaldas. Es fácil echarles la culpa a los dirigentes por los barras. Cuando fui Secretario de Deportes, un día almorcé en el departamento de la Policía y me llevaron un carpetón inmenso con la foto de absolutamente todos los barras de ese momento. ¿Querés que yo solucione ese problema? Si los jueces los dejan en libertad… La Policía sabe quiénes son y no los detiene. ¡No se hace inteligencia y quieren que los dirigentes terminen con ese tema! Es un disparate que tiene complicidad de la prensa, que nunca denuncia al jugador que le da plata a los barras.

-Volviendo a la Sociedad de Gestión. ¿No era una privatización encubierta?
-No. Muchos pensaban eso, pero no. Después, en todos lados, se privatizaba de hecho. Venía un empresario, ponía la plata en el club, bancaba los sueldos de los jugadores y se quedaba con la plata de las transferencias. Lo nuestro iba a ser totalmente distinto. Nosotros teníamos que aprobar el presupuesto. Una vez que lo hacíamos, ellos lo consentían y lo bancaban con los ingresos estipulados. Si vos querías incorporar un jugador que se salía de ese presupuesto, ellos tenían el derecho de veto de oponerse. Pero al técnico y a los jugadores los elegía el club. O esto no lo explicamos bien en su momento o había muy mala intención para que no sucediera. Si hubiéramos hecho eso, esa sociedad todavía estaría en Racing… Habría sido el comienzo del saneamiento de Racing.

-Fue imputado por supuesta administración fraudulenta y para la Justicia estuvo 50 días prófugo. ¿Esas manchas no salen más?
-Es que yo no estuve prófugo, yo me había ido de viaje. Estando en el exterior me enteré de lo que estaba pasando. Me llamó un amigo para decirme que me estaban buscando. Y ahí me metí a ver qué pasaba. Llamé a un abogado, Rolando Cunto. Fue muy desagradable enterarme de eso. Entonces, viajé de Praga (República Checa) a Uruguay. Después me fui a España, me alojé en la casa de un amigo, me quedé el tiempo necesario. Y cuando veía que salía la eximición de presión, volví.

-Si se fue a España sabiendo que la Justicia lo buscaba, entonces estaba prófugo… ¿Nunca pensó que iría preso?
-No, nunca pensé en ir preso porque soy abogado y estaba seguro de que, desde lo jurídico, no tenía ni pies ni cabeza la denuncia. Fue una medida demagógica y política de un fiscal para sacarse gente de encima.

-¿Qué se siente ser acusado de corrupción?
-Sentí vergüenza, absolutamente. Por la familia. A mis chicos en el colegio les decían: “Tu papá sale en los diarios porque lo está buscando la Policía”. Fue muy fuerte.

-Usted lo niega, pero en el mundo Racing su gestión siempre fue sospechada de poca transparencia. ¿Cómo lo trata el hincha por la calle?
-Yo no tengo auto porque lo vendí para pagar una licitación y en cuatro o cinco meses tendré un 208 0 kilómetro. Yo tengo la SUBE. Si hubiera robado, no andaría entren b, viajo en tren y subte como cuando voy al centro todos los martes, miércoles y jueves. Voy a buscar entradas o por temas profesionales, políticos o a visitar amigos. Ahora me reconocen muchísimo menos por la calle. Y cuando me reconocen, la reacción es buena. El que me quiere putear se queda callado. Y cuando me ven en el tren, deben pensar: “Este está en tren, tanto no robó, je”. El que entra en la función pública, echa su alma al diablo, dicen. Y es así. Contra eso no podés hacer nada. Pero con el tiempo es cada vez menos. Los que están metidos en el fútbol saben que no es así. Miren la vida que llevo.  Analizá cómo llegó y cómo se fue, y cómo vive hoy. Yo vivo de mi jubilación y asesoría en cuatro o cinco lugares. Y punto. Y me voy de vacaciones a lugares normales una vez por año. Esa es la vida que llevo y voy a cumplir 70 años.

-¿Cómo define su mandato en Racing?
-Al estadio lo arregló el doctor Otero, hice el estadio más bonito del fútbol argentino, con techo y una iluminación que en su momento era de primer orden, con playas de estacionamiento… Cuando me encuentro con hinchas, algunos me dicen: “Usted fue el presidente del Racing que tenía a Capria, Pompei, el Piojo López… ¡Qué equipo ese!”. Recibimos al club en una convocatoria de acreedores que levantamos. Y a las 24 horas volvimos a presentarnos bajando la deuda en un 30%. A otros les quedará que soy millonario, que vivo en un country, que tengo autos…

-El caos era tal que debieron vender a Capria de urgencia al Cruz Azul para saldar la deuda con todo el plantel…
-Entramos en desfasaje financiero, cuando quedamos eliminados y no me permite la sociedad de gestión, estoy absolutamente desfinanciado…

-¿De qué manera negociaba esas deudas con el plantel?
-El capitán era Quiroz, básicamente, también Ubeda y Nacho González. Había códigos, respetos. Yo no escondí nunca nada, les decía nos pasó esto, esto y aquello. Estamos así, estoy buscando alternativas. Grondona nos ayudó, financió, nos hizo adelanto de documentos… Había mucho respeto en esas charlas. Cuando los jugadores iban en masa a Agremiados a pedir cobrar o quedar libres, eso me generaba más coraje para conseguir la plata. Y de hecho, la conseguí con la venta de Capria. me comí el conflicto y los años de salud.

-¿Cómo quedó su relación con aquellos jugadores de Racing?
-Es difícil hacerse amigo de los jugadores de fútbol, pero sí tengo cariño por muchos de los que han estado en aquel plantel. Cariño por Quiroz, por Nacho González, por Capria… Con Nacho hablé el otro día para felicitarlo porque asumió como técnico de All Boys. Y quedamos en ir a comer. Con Mac Allister también. Y con Ubeda. Era un plantel humano extraordinario.

Usted asesoró a Fernando Marín para la llegada de Blanquiceleste?
-Sí, lo asesore jurídicamente. Me llamaron para hacer un tema jurídico ahí. Lo escribió Oscar Del Arco. El gerenciamiento era la única salida para que el club funcionara, que alguien pusiera la plata y eso se hizo con la anuencia de  Julio Grondona…

-¿Y qué mirada tiene de lo que fue el gerenciamiento?
-Era la única salida que tenía Racing: que apareciera alguien que pusiera la plata y funcionara. Y eso se hizo con la anuencia de Julio (Grondona). Te digo más, Marín fue una opción para que fuera mi vicepresidente en Racing.

-¿Al Cilindro nunca volvió?
-No. Sólo a ver a la Selección. Tengo pruritos.

-¿Le gustaría volver a la cancha?
-No, no. Pagar 200 pesos para el auto, ir caminando… Ya cumplo 70. Estoy cómodo. El disfrute de presidente ya lo perdí. El vestuario del 6-4 de Boca, la alegría, la satisfacción. Cuando bajamos del micro vino la Raulito a apretarme y le pegué un empujón. “Brindisi, vos sos un genio, no como estás mierda”, me dijo.

-¿Tiene temor de que lo puteen?
-Primero, antes iba a la cancha y estacionaba al lado del vestuario. Esa calidad ya la perdí y está bien. Segundo, el que estuvo adentro de un vestuario y ya no puede volver a hacerlo le pierde el sabor al fútbol. Recuerdo una de Basile (copia el vozarrón): “Pibe, ¿vos está muy cagado que es la tercera vez que meas y escupís?”, le dijo a un jugador importante. Esa sensación de estar adentro no tiene precio. Hoy voy a la cancha y qué pasará en el vestuario… Te queda esa cosa linda…

-¿Y cuándo te insultaba el estadio?
-No, no. Nunca me puteó todo el estadio. Jamás. Me putearon después de la asamblea y después del partido con Cristal. Miento, fue el día contra Estudiantes, cuando Bossio nos hizo un gol de cabeza. Ese día me putearon los de abajo del palco… Yo me quería boxear, me callaba, pero los miraba… Con el tiempo me los cruce y les decía:  “Vos me dijiste hijo de puta”.

-¿Alguna vez se fue a las manos en Racing?

-Sí. Con el Tano, el de la barra. Nos cruzamos. Estaba comiendo en el fondo, me dijo algo, le respondí y terminamos a las trompadas. Enseguida nos separaron. Pero solitos. Un barra y yo.

-¿Qué hubiera cambiado de su gestión?
-El punto de inflexión fue la sociedad de gestión. No quise votar en la asamblea. La plata estaba y el Banco Patricios estaba en un momento espectacular. Devolví dos millones de dólares por el pase de Valencia. Era una fortuna. Le hicimos seis goles en la Bombonera.

-¿Quedó todo lo malo en la gente?
-Yo me siento bien. Hago autocrítica. Volvería a incorporar. Es más, hubiera traído más jugadores. Yo quería a Ibarra, de Colón, que valía 300.000 dólares. Marchetta me dijo que se arreglaba con el Coco Reinoso. También queríamos traer a Ayala, de dos. Iba a ser un equipazo. Cuando llegué, el Piojo era jugador libre en Racing.

-Los jugadores contaban que los desalojaban del departamento porque Racing no les pagaba el alquiler…
-¿Cuáles? ¿Quiénes? No…  No es cierto eso. Decime un caso y te digo.

-A Ubeda le pasó, por ejemplo. El y otros más tuvieron que irse al hotel Presidente.
-No, absolutamente.

-Con Carrario sí hubo problemas.
-Porque Carrario era problemático. Sí, tuvo problemas. Fue un error. Un talentoso del gol con una indisciplina táctica absoluta, no lo podías poner ni en la barrera.

-¿Ese equipo fue el mejor equipo que vio?
-Fue extraordinario. Eliminamos a River en el Monumental con Francescoli y Salas, le regalaron un penal a ellos… Tuve un episodio con Palito Ortega, ahí con la truchada del penal. “En la política te ponés los zapatitos blancos y acá te embarrás”, le dije.

-Brindisi se fue muy mal de Racing…
-Fue una decisión mía. Con él terminé mal. No sé si fui justo o no en haberlo despedido, pero siempre estuve obsesionado con Basile de técnico. El Coco se iba a firmar con San Lorenzo, hablé con Cacho Recassens para pedirle que me aguantara 24 horas. Y le dijimos basta a Miguel, que igual no estaba con las expectativas que teníamos con él. Pero fue medio injusto.

-¿Qué es lo más curioso que vivió con Coco?
-Es la última vez que entrás en el entretiempo (copia la voz de Basile). Me cagó a pedos. “Si querés echarme me voy, pero no me vengas acá”, me dijo. Perdíamos 3-0 y me estaban re puteando en el palco. Fui a verlo al vestuario desde la ventanilla del baño y pensó que iba para escuchar qué decía. Tuvimos que ir el lunes a almorzar para aclarar las cosas.

-¿A qué gente le pediría perdón?
-No sabría decirte…

-¿Y al hincha?
-Le pediría perdón por no haber cristalizado todas las cosas que soñaron que iban a pasar. El día del debut en Ferro no quedaban un lugar, era un sueño. Yo llegué corriendo con las autorizaciones de los jugadores, le ganamos 2-0 a Ferro. Yo no sé qué cruce tuve con Marchetta y ni fui al vestuario. El Negro era cabrón pero leía el fútbol como nadie. Estaba bien rodeado. Eso tiene un valor único, ver bien el fútbol.

-¿Cómo evalúa la gestión de Blanco?
-Lo veo muy bien. Creo que es una persona honesta que se ha sabido adaptar al fútbol. Lo han saneado. No hubiera sido presidente si Racing no salía campeón en 2014. Faltaba un mes y no sabía si se presentaba. Hoy pudo llegar a ser presidente de AFA, estaba para una parte del consenso. También me gustó Molina, que tuvo una gestión honesta, se peleó con demasiada gente por el fútbol. Me dio la sensación, pero administró bien y fue honesto.

8 comentarios sobre ““Si hubiera robado, no viajaría en tren”

  • el 17 septiembre, 2017 a las 13:13
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    Sin palabras !!! Gracias a Dios ya es historia pasada…. Vamos Racing Carajo !!!!

    Respuesta
  • el 17 septiembre, 2017 a las 14:00
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    Tardaste 20 años en hablar te hubieras quedado callado de por vida,te habla un socio vitalicio que padeció tu gestión .

    Respuesta
  • el 17 septiembre, 2017 a las 15:05
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    algo es verdad el equipo de 95 era extraorinario y por otro lado dice que blanco gano porque salio campeon, pero el 14 de diciembre, primero gano blanco y a la noche fuimos campeones y por ultimo que la cuente como quiera pero estuvo profugo,igualmente muy buena nota.

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    • el 17 septiembre, 2017 a las 23:59
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      Era un buen equipo. Un equipazo..no gano nad.tan bueno no era.

      Respuesta
  • el 17 septiembre, 2017 a las 16:06
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    hdp cara dura cadena perpetua a esta basura…

    Respuesta
  • el 17 septiembre, 2017 a las 16:46
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    Racing deberia hacer un “Nunca Mas” de todos los dirigentes que le hicieron tanto mal…

    Respuesta
  • el 18 septiembre, 2017 a las 22:41
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    Como minimo irresponsable, ingenuo, negligente, no se… No podés decir que la pifiaste porque armaste un presupuesto basado en que ganabas la copa e ibas a japón. Creo que ni el real madrid hace una cosa así

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