“En la pensión le poníamos candado a la heladera”

Empático, locuaz, algo desfachatado y con la tonada cordobesa, Cosme Julián Ubaldo Zaccanti atiende a RDA. Aquel defensor lungo y espigado que jugó más de siete temporadas en la primera de Racing, hoy recuerda con cariño y nostalgia sus aventuras en la Academia, desde el debut con el Coco Basile, pasando por las vivencias con los distintos planteles que integró y un sinfín de anécdotas. Aquí, en este nota, un tipo muy querido en la institución.

-¿Cuándo llegaste al club?

-A finales de 1983, cuando tenía 17 años. Venía de San Nicolás. Hasta ahí había jugado como delantero siempre en clubes de la zona. Todavía tengo marcado que el entrenador era Hugo Saric. Yo era fanático de Racing desde que nací y para mí era lo máximo poder tener una posibilidad de jugar con esa camiseta. Ese primer técnico que tuve en el club me dijo que me olvidara de ser delantero, lo asimilé de una, ja. Y me empezó a probar como volante central. De hecho, yo compartía la posición con Hugo Lamadrid y con Fabio Costas.

-¿Qué cosas te pasaron por tu cabeza en los momentos previos al debut?

-Me tocó debutar oficialmente en el 88’ en un partido de la Liguilla, en cancha de River. Terminó 3 a 3. Ya había jugado en un amistoso previo. El técnico era Basile, yo tenía 21 años y me acuerdo que la noche previa fue muy brava para mí. Estaba tan nervioso que me dolía todo: los huesos, la garganta… Me tome dos vasos de leche con miel, no sé si para calmar la ansiedad o aflojar la garganta. Pero no me sirvió de nada. Lo curioso, y hasta lo gracioso, fue que la primera pelota que toqué lo terminé bajando al Uuuguayo Alzamendi y el árbitro me cobró penal. Me quería morir, me sentía culpable. Gol de River y a la jugada siguiente barrí con todo cerca del banco visitante donde estaba dirigiendo el Coco Basile. Lo hice volar por los aires al Polilla Da Silva y el Coco me dijo: “Así te quiero, vos sos una fiera, vas a ser un jugadorazo”. A partir de esa arenga me pude tranquilizar y terminé muy bien el partido, tanto que muchos medios me dieron como una de las figuras. Terminamos empatando en una cancha difícil y en la revancha los eliminamos a los de River. Sencillamente, inolvidable.

-Integraste el plantel campeón de la Supercopa 1988, pero no llegaste a jugar ningún partido…

-Exactamente. Yo acompañe al grupo, no jugué en esa Supercopa. Recién estaba dando mis primeros pasos. Yo sí jugué la final de la Copa Interamericana, en los Angeles: le ganamos 3 a 1 al equipo de Costa Rica.

-La estadística indica que jugaste alrededor de 120 partidos en Racing y que convertiste ocho goles oficiales. Llegabas con frecuencia al área rival.

-Si, la realidad es que no recuerdo con exactitud las estadísticas, pero me gustaba ir al ataque, quizá por mi pasado de pibe como delantero. Cuando agarró Osvaldo Chiche Sosa el equipo, me probó de lateral por derecha y ahí me dio más empuje para poder proyectarme. La mayoría de los goles que metí fueron de cabeza.

Cuenta la leyenda de que la hinchada tenía un cantito preparado para vos.

-Inolvidable. Venía de convertirle los dos goles a Vélez y al partido siguiente recibimos a Ferro en Avellaneda. Toda la cancha emulando el hit para el Toti Iglesias, pero con mi nombre: “Váyase preparando, vaya gritándolo porque en cualquier momento aparece  Cosmegol”. Fue la primera y única vez que me corearon antes que a ídolos como a Rubén Paz. Que caradura, ja.

-Hubo un torneo en el que Racing cada vez que metía un gol se festejaba con un trencito. ¿Cómo surgió esa idea?

-Ja, fue una idea del gran Nestor Adrián de Vicente, que en paz descanse. Todos pensamos que lo iban a implementar los goleadores, pero en un partido también en cancha de River me tocó convertir y de una me animé a tirarlo.

-¿Qué entrenadores te dejaron más enseñanza?

-Me dirigieron un montón de técnicos en Racing. Siempre le tengo un gran cariño a los que me formaron en Inferiores y, obviamente, al Coco Basile, que me hizo debutar. Tampoco quiero olvidarme de Nelson Chabay y de Osvaldo Sosa; también considero que fueron muy importantes para mi carrera. Chabay tenía mucho conocimiento en la parte defensiva y me mostraba muchos movimientos interesantes.

-¿Qué hay de cierto que siempre posabas en el mismo lugar para la foto grupal antes del inicio de los partidos?

-La verdad es que siempre fui muy curioso, de leer y fijarme del fútbol en épocas anteriores. Y ahí me pareció que era original tener una misma pose cada vez que formábamos para la foto de arranque de los partidos. Me gustaba ir abajo, al costado, apoyarme sobre la rodilla bien clásico y, con la otra mano, darle una palmada al compañero, bien chapado a la antigua. Lo arranqué a hacer en Racing y después lo hacía como una fija en todos los clubes donde me tocó jugar después.

-¿Qué partidos son los que te marcaron con la camiseta racinguista?

-Tengo varios en mi memoria. Por mencionarte alguno, el de mi debut contra River, después el que le hice dos goles a Vélez en Liniers, el que fui titular en la Copa Interamericana y la última vez que jugué en el Cilindro con la camiseta de Racing, que fue victoria contra Newell´s. Yo ya sabía que ese iba a ser mi último partido en Avellaneda porque los dirigentes me lo habían avisado. Lo particular de aquel partido en el Clausura 1995 fue que me tocó convertir de cabeza de cara a la tribuna, fue un festejo con alegría y desahogo.

-Tu apellido solía escucharse en la mesa de Mirtha Legrand…

-Uy, me volvían loco con eso en el vestuario. El programa de Mirtha era furor y ella me mencionaba. Me gustaba escuchar mi apellido, pero me moría también de vergüenza. Ella siempre fue confesa hincha de Racing y a las figuras del equipo las invitaba.

-¿Por qué motivo te fuiste del club?

-Si hubiera sido por mí, me quedaba a vivir en Racing, ya que siempre fui fanático. Pero el tema es que hubo un recambio importante de jugadores cuando llegó Otero como Presidente y Daniel Lalín como encargado del fútbol. Me terminaron dando el pase libre y de ahí me fui a jugar a Huracán de Corrientes, que me abrió las puertas.

-No habrá sido fácil volver al Cilindro con otra camiseta.

-Para nada. Experimenté esa sensación cuatro años después, en 1999, con la camiseta de Belgrano. Fue algo muy raro, me sentía que no era yo, hasta que recibí la ovación y el cariño de la gente al momento de entrar en calor. El reconocimiento del hincha de Racing siempre fue lo más importante para mí.

-¿Cuáles fueron los mejores compañeros en Racing?

-Ahí conocí a uno de mis mejores amigos: Ramón Ismael Medina Bello, con quien aún tengo una relación muy estrecha. Con Rubén Paz también me llevaba muy bien.  Generalmente con todos, especialmente con los chicos de la pensión, con los que venían de las Inferiores.

-Atravesaste situaciones de penuria en esos tiempos en Racing. ¿Cómo la llevabas?

-Está claro que si uno hoy ve a Racing, ha evolucionado muchísimo en relación a aquellos años. Nosotros, como plantel, estábamos siempre atrasados, yo siempre decía que estábamos al día, con tres meses de deuda. Había muchas carencias. En los vestuarios, con los empleados, con los elementos para entrenar, pero ahí salía a relucir el sentimiento del hincha de Racing para que todo fuera más llevadero. Me acuerdo que en la pensión hasta se le ponía un candado a la heladera para que no nos comamos todo, porque no había para todos. Hoy eso no pasa por suerte.

-¿Cómo era la relación en esos años con la barra?

-Si bien eran años de sequía en cuánto a títulos, no teníamos demasiados problemas. Siempre nos alentaba el grueso de la gente. Solamente una vez tuvimos una visita extraña a la concentración, media pesada, donde vinieron los muchachos a hacernos sentir un poco el rigor, pero nuestro plantel también tenía pesos pesados que no se dejaba amedrentar por nada del mundo.

-Después de Racing jugaste en varios equipos del Interior. ¿Cómo fueron esas vivencias?  

-Me fui a Corrientes a jugar en Huracán, donde conseguimos un ascenso histórico. Estuve un par de años ahí y luego fui a Belgrano, donde también tuve una linda época: que salimos campeones y ascendimos a Primera. Tras esa experiencia pasé a Atlético Tucumán, tuve un paso por Independiente Rivadavia de Mendoza y terminé mi carrera profesional en Gimnasia de Jujuy, en 2002. De todos los lugares me lleve mucha gente querida y buenos recuerdos.

-¿Cómo siguió tu vida una vez que te retiraste?

-Por suerte seguí ligado al fútbol, trabajando como técnico en varios equipos del interior del país. Formé dupla con mi otro gran amigo que me dio el fútbol, el Uruguayo Chiche Sosa. Fuimos los predecesores a Zielinski en Belgrano, con un interinato en el que nos fue muy bien. Después el Ruso llegó para hacer un gran trabajo. Estuve en muchos equipos de Córdoba y hace un año que estoy como técnico y coordinador de las Inferiores en Unión Oncativo.

-¿Estás muy pendiente de la actualidad de Racing?

-Siempre estoy muy atento a lo que pasa en el club. Sufriendo estas últimas semanas como todo hincha de Racing. Siempre me plantee regresar a Buenos Aires y poder trabajar en Racing, pero la verdad es que me adapté mucho a la vida en Córdoba y hoy por hoy elijo seguir estando acá en familia. He ido varias veces al club en los últimos años a jugar amistosos con los clubes que fui dirigiendo. Igual, siempre lo extraño a Racing.

-¿Qué pensás de la renuncia de Cocca?

-La verdad, es difícil opinar cuando uno está lejos. Los inconvenientes en los vestuarios siempre existieron, el tema es que hoy cualquier cosa que pasa por medio de la comunicación masiva, sale en todos lados y eso termina embarullando un poco todo. El técnico seguramente debe haber sentido que ya no podía revertir el mal momento. Lo que si yo te puedo decir es que los tiempos cambiaron mucho de cuando yo era jugador.  Hoy no veo tanto compromiso en los jugadores con los clubes, sino que están apresurados por irse cuanto antes. Creo que así todo se vuelve más difícil. Antes uno estaba muy arraigado a la institución.

-¿Cuál fue el último jugador de Racing con el que te hayas sentido identificado?

-Sin dudas, con Diego Milito. El haber vuelto y brindarse por el club fue algo grandioso y admirable para todos los hinchas de Racing

-En los últimos años apareciste en muchas revistas con una de tus hijas. ¿No sos un padre celoso?

-Ja,, la verdad que para nada, está todo bien. Suelo hacer el papel de duro, pero siempre las acompaño. En mi familia son todos artistas: una hija modelo, la otra bailarina clásica y mi mujer también bailaba en las comparsas en su época. Somos muy familieros y de la idea de que cada uno tiene que hacer lo que le gusta.

Un comentario sobre ““En la pensión le poníamos candado a la heladera”

  • el 5 diciembre, 2017 a las 15:23
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    Grande cosme, yo fui a la cancha de velez el día de tus 2 goles y encima entre con el partido empezado y en la tribuna de velez y no pude gritar tus goles. Siempre dejaste todo en Racing.

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