Alberto Ohaco y el misterio de las fotos...

Dueño de una vida en celeste y blanco, Alberto Bernardino Ohaco fue una de las primeras glorias que pasaron por Racing en 115 años. En el siguiente informe histórico de Racing de Alma repasamos quién fue y la forma particular en la que salía en todas las fotografías previas a los partidos.

Dichosos sean aquellos que tras un centenar de años siguen estando presentes en la historia grande de un club. Más aún, teniendo en cuenta que durante 24 años sólo defendió una sola casaca. Esto le pertenece y se mantendrá a lo largo del tiempo a Alberto Bernardino Ohaco. Él fue el estilista y formador de una vitrina inigualable para el mundo del fútbol. Un ícono que cualquiera quisiera tenerlo entre sus filas. Pero muy pocos fueron los agradecidos de haber compartido un partido.

Alberto nació en Capital Federal el 20 de mayo de 1889. Hijo de padre argentino y madre española. Una familia ligada al fútbol, desde chicos. Junto a Juan, su hermano mayor, luego del colegio se iba a los viejos baldíos a pasar horas y horas con la redonda. Cuatro piedras hacían de arcos y el partido terminaría cuando el sol se escondiera en los horizontes del Riachuelo. En aquellos años, tenías dos opciones una vez terminado el primario: estudiar o trabajar. Él optó por lo segundo.

Sin embargo, esto no lo frenó en su amor por el deporte. Su padre estuvo presente en Avellaneda el día en que Evaristo Paz, socio fundador del club, dijo: “Así no podemos seguir. Dos clubes chicos no sirven, uno grande sí”. Desde ese día, Barracas al Sud y Colorados unidos se unieron para formar Racing Club de Avellaneda. Alberto, con 17 años, ya trabajaba en un banco de la época “Previsor de ahorros”. Mientras tanto hacía sus primeras armas en las Inferiores del club. A los 16, jugaba para el equipo junior junto a Juan, su hermano.

A los dos años, en 1907, a base de goles y esfuerzo se hizo un lugar en el primer equipo que disputaba los torneos de Tercera Liga. Compartió plantel con Germán Vidaillac, Pablo Frers y otros grandes jugadores que lograrían el ascenso en 1910. Un jugador con todas las letras. Pasaban los años y él seguía poniéndose la camiseta que su padre vio nacer. Lo llamativo es que no siempre lo hizo en su puesto original, de foward. Ha jugado en los puestos que se necesitaron ocupar en esos momentos. Para ejemplificar esto tenemos los casos de 1920, que en tres fechas, en pleno apogeo goleador, se calzó los guantes y atajó. Igualmente, el equipo no lo extrañó. Fueron las tres victorias: 1 a 0 frente Platense, 2 a 1 frente a Ferro y 4 a 0 frente a Estudiantes de Buenos Aires.

El misterio de la foto

Su amor por los colores se lo pasó a cada uno de sus compañeros. En una nota del Gráfico de aquellos años, Félix Frascara recordó: “Natalio Perinetti, contra su costumbre, había protestado una acción del referee. Ya en la casilla, Ohaco, reconvino amigablemente a su compañero, terminando por recordarle que jamás debía olvidarse que vestía los colores de Racing”.  Digno, caballeresco, nunca protestó ni quiso que sus compañeros protestasen un fallo arbitral. Sin embargo, algo ocultaba en esa boina blanca y su mirada para abajo en cada foto.

Medios uruguayos han dicho, en su momento, que esa pose en cada foto previa a los partidos estaba vinculada a un hecho policial que lo perseguía o que no le gustaba que le tomen fotos. Eso no fue exactamente lo que pasó. En esa época, Avellaneda tenía un fotógrafo que estaba en todos los partidos de Racing. Se llamaba Molinelli. Una de tantas tarde, le tomó una foto a Alberto que le gustó, por lo que le pidió si le obsequiaba una copia. El fotógrafo se la prometió, pero se olvidó. El pedido era constante todos los fines de semanas y la respuesta era la misma. Por eso, en la previa a otro partido, cuando Molinelli se acercó a sacar la foto instantánea correspondiente, Ohaco le dijo lo siguiente: “Vos no me podrás fotografiar más”. Se vengó por no darle lo que le venía pidiendo hace tiempo.

Sin embargo, el miedo a que viniera otro corresponsal que trabajara para Molinelli y obtuviera la foto que él quería con Alberto Ohaco, hizo que en todos los partidos mirara para abajo. Un personaje como muchos, pero con gloria como pocos. Entre Tercera, Segunda, Primera y Veteranos, donde jugó durante siete años, disputó 278 partidos y convirtió 244 goles. Pero hay muchos partidos de los que falta información y se cree que podría superar en ambos los 300. Además, cuenta con la obtención de 23 copas. Contando, siempre, los ochos campeonatos, siete de manera consecutiva.

Un hombre querido por todos, se fue a conformar el 11 ideal de los cielos el 3 de enero de 1950, con un poco más de 60 años. No sólo era querido por la gente de Racing, sino que también por los rivales. Lo despidieron con aplausos, como aquel partido de 1928 en cancha de Ferro cuando la Academia visitó a San Lorenzo y por durante 30 minutos la gente aplaudió de pie al verlo ingresar a la tribuna.