Bou, mi buen amigo...
Un lugar estaba vacío. No había botines, rompa de entrenamiento ni perfume. No quedó nada. Para Ricardo Centurión, sin dudas, la imagen fue fuerte. Entrar al vestuario, hacer el mismo recorrido que durante todo el semestre pasado, pero en este caso intentar no mirar para donde hace apenas unos meses estaba colgado la siete. Con […]



