El jugador de Racing que sufrió un Titanic

Carlos Borges, delantero uruguayo que defendió la camiseta de Racing en la década del 60, vivió un trágico accidente mientras viajaba desde su país natal hacía Argentina para entrenar. En consecuencia, tuvo que abandonar la práctica deportiva por serios problemas psicológicos. Lo que ocurrió, cómo y qué pasó, en esta nota histórica de RDA. 

Seguramente muchos hemos visto la película “Titanic”, realizada en 1997 y basada en hechos reales. Nos hemos preguntado qué sería de nosotros si estuviéramos ahí, cómo hubiéramos actuado ante las diferentes adversidades que debían enfrentar los actores principales. Por horas y horas, nos atrapaba como si fuese la primera vez que la veíamos. Sin embargo, hubo alguien que lo vivió en carne propia muchos años antes de que este film taquillero saliese a la luz. Él estuvo en ese lugar, donde la vida y la muerte era tan sólo un juego de azar o una moneda que se avienta al aire. 

El barco accidentado de Borges.

Nos ubicamos en una noche de incesantes lluvias y fuertes mareas el 10 julio de 1963 a las 21. Más precisamente en el buque “Ciudad de Asunción”, lugar en el que viajaba Carlos Borges, jugador de Racing que llegó para la temporada de 1961. Era delantero de nacionalidad uruguaya y campeón de la Copa Libertadores de 1960 con Peñarol (club que lo vio nacer), viajaba desde Montevideo hacía las orillas del puerto de Buenos Aires, luego de pasar el fin de semana junto a su familia. Sin embargo, hasta el más pesimista iba a creer lo que sucedería horas más tarde. 

Todo comenzó normal, como la de toda personalidad destacada en algún club. Saludos por acá, estrecho de mano por allá, agradecimiento por otro lado. Una familia charrúa, fanática del carbonero, lo invitó a cenar con ellos para contarle a su hijo la hazaña que cosechó defendiendo la camiseta aurinegra. Sin dudarlo, aceptó, se sentó y los cautivó al punto de llenarle los ojos de lágrimas. De fondo, una música tenue. Eran las piezas del Trío Di Trieste, banda reconocida en Italia que viajaba hacía una presentación en el Teatro Colón, que hacía del viaje más placentero. Borges, cansado y teniendo en cuenta que al llegar debía entrenar, se fue a su camarote. Se puso su habitual pijama y se acostó. A su lado estaba su compañero, al que le cambiaremos el nombre y le diremos Juan. 

La lluvia aumentaba, el buque se balanceaba y el crujir hacía que dormir fuese imposible. Alrededor de las tres de la mañana, luego de tanto intentar descansar, se sentó a leer un libro.El movimiento hacía que no pudiese fijar la vista en la hoja. Las olas eran más fuertes y de golpe, un fuerte estruendo lo congeló. Asustado porque percibía que el barco comenzaba a inclinarse, intentó despertar a Juan, pero dormía profundamente. Ante la desesperación, siguió zamarreándolo para contar lo que escuchó. Sin embargo, con la voz socarrona y enojada, “Déjame dormir” soltó su compañero. Tras varios intentos, lo logró y salieron corriendo a ver qué ocurría afuera. Primero, fueron para la cubierta, donde no había un alma, sólo la niebla y la proa en punta. 

El uruguayo Borges.

El recorrido siguió hasta que encontraron a los demás tripulantes. Abundaban las preguntas que no eran respondidas. Sólo escuchaban “vayan al otro extremo del barco”. Pasó una hora del ruido inicial. Se escuchó otra explosión, esta vez más fuerte. La sala de máquinas ardía. La gente a los gritos, los chicos lloraban y los tripulantes de la embarcación lanzaban botes salvavidas al agua, salvo uno, que estaba atascado. Todo lo que podía flotar iba al agua, maletas, maderas y cajas. Cientos de personas se arrojaban, lo que parecía una ficción se volvía realidad. La vida pasaba por delante de los ojos de todos y sobrevivir quedaba en las manos del azar. Muchos, sin saber nadar y por instinto, se arrojaron al agua, entre ellos “Lucho”, como lo apodaban a Borges. Cayó encima del estuche del violonchelo marca “Mara”construido en 1971 que usaba la banda italiana. Ahí se aferraban una docena de personas, que, como él, buscaban salvarse. 

De repente, se escuchó un grito: “Por favor, no dejen morir a mi hijo”. La voz era de una mujer desesperada y desconsolada, al ver que el chico de siete años hacía todo lo posible para no hundirse. Con el shock del momento, nadie reaccionó, salvo Carlos. Pidió la ayuda de dos mujeres para que lo sostengan y así poder alcanzar al nene, que el agua lo tapaba. Lograron socorrerlo y lo hicieron sujetarse durante varias horas al estuche hasta que los socorrieran. Las horas pasaban y estaban a la deriva. La temperatura del agua alcanzaba los -5 grados y mucha gente abandonaba su lucha por congelamiento. Cerca del amanecer, se sintieron ruidos que se acercaban, las mandíbulas estaban duras por el frío y no podían pedir auxilio. Rompiendo entre la niebla, apareció una patrulla naval buscando sobrevivientes. 

Una vez rescatados, mientras tomaban café y sopa, los dejaron en las calderas de la patrulla para que el cuerpo volviera a tener calor. Angustiado por la situación, decidió ir a ver al chico que ayudó. Estaba recostado en una cama, tapado y llorando, sin poder mover nada del cuerpo. Le frotó con las manos la boca para que tomara temperatura y salió a buscar algo para comer. En el trayecto, un hombre alto, de unos treinta y largos, corría desesperado por el barco a los gritos preguntando en donde tenían a los chicos. El uruguayo trató de tranquilizarlo e hizo que lo acompañara. Entre lágrimas, encontró a su hijo, que resultó ser el chico que Borges había rescatado. Fundidos en un abrazo, le comentó a su padre que ese señor, que lo trajo hacía él fue quien lo salvó y entre lágrimas le agradeció. 

Llegados al puerto argentino, tras ser identificado y que le dieran sus pertenencias, se encontró a los músicos italianos cabizbajos. Charlando, se enteró dos cosas. Primero, que aquella primera explosión que sintió a la madrugada en plena lectura, fue el choque del barco con la cabeza de otro hundido. Y segundo, que todas sus pertenencias las perdieron en el mar, también el violonchelo que debían usar en el show. El jugador fue trasladado a la sede, por pedido de él que tenía entrenamiento. Los médicos, compañeros y dirigentes le decían que no fuera, pero siempre fue profesional e hizo oídos sordos. La práctica era a la tarde, comenzó con pelota parada y pasó a hacer fútbol reducido. En ese momento se desplomó en la cancha. Debió hacerle caso a los que saben del tema. Se despertó tres días después y nada fue igual. Desde Racing recibió licencia médica, pero los traumas no lo dejaban estar sólo en la casa ni viajar a algún lugar. El pánico lo aterraba. Sin embargo, la vida, a pesar de los golpes, es grata. Tras un año, el violonchelo apareció en el mar y fue restaurado... Carlos Borges, gracias a su familia y el tratamiento médico, volvió a jugar al fútbol años después. Falleció el 5 de febrero de 2014 a los 84 años, en su Montevideo natal. 

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4 comentarios en “El jugador de Racing que sufrió un Titanic”

  1. Lucho Borges !!! 1961 arrancaba Racing como nunca, y a poco de empezar el torneo había que visitar a Boca en su cancha...yo estaba enrolado en la Marina de Guerra, como marinero y uniformado fui a ver el partido, sólo pagábamos un"seguro" que costaba monedas; pero había que ocupar la tribuna local...3a bandeja faltaba poco para terminar, ya me iba, pero el "Lucho" la mandó a guardar justo en el arco debajo de esta tribuna, del fondo del alma me saliió el grito de goooool... en parte me salvó el uniforme...pero cobré como caballo en subida". Me escabullí como pude y salí casi nadando en el rio de meada que eran esos pasillos. El Lucho siempre fue un héroe; lo admiré. Gracias por este articulo que lo recuerda. Dario

  2. Como no lo ví jugar (soy de Tucumán), sólo lo recuerdo, lo que no me viene a la memoria si fue Borges y luego Mattera o al revés, también apareció Maidana por ahí cerca.
    La derecha con Mattera se completaba con Marchetta. Y con Maidana era Menotti..... y con Borges no me sale su compañero.

  3. Borges jugo los primeros partidos de 1961 porque Belen estaba lesionado. Pero hizo goles en casi todos y se genero una duda. Yo nunca la tuve: Belén era mucho mas, pero el uruguayo era un gran jugador.

  4. Borges jugo los primeros partidos de 1961 y Racing gano los cinco y el hizo goles, pero el titular indiscutido era el gran Belén. Igual se genero una polemica pero Belén era grandioso!!!

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