Risso Patrón: "Llegué a sentirme muerto"

“Ahí adentro” son dos palabras que parecen señalar poco, pero para Brian Risso Patrón significan mucho. Las repetirá una y otra vez en alusión a un infierno que prefiere llamar así. Es la frase que remite a la cárcel. Ahí adentro es el lugar donde padeció, se hundió en la oscuridad, coqueteó con la muerte, hizo amigos. Y creció. Ahí adentro, un día le cambió la vida radicalmente y le hizo ver la luz que alguna vez pensó que jamás le llegaría. "Yo ahí adentro me sentía muerto en vida. Había perdido mis sueños. Todo murió en mí. Por eso, recuperar la libertad fue resucitar. Volví a nacer", se emociona el delantero de 26 años, mano a mano con Olé.

Prometía como delantero de Racing. Ya había debutado en la Primera en cinco amistosos, dos con Juan Manuel Llop y tres con Miguel Russo como técnicos (dos veces se concentró con la Primera por los puntos). Sus condiciones alentaban a creer en un buen futuro, y con ello llegaron los sueños. Sueños que fueron aplastados por una pesadilla que él mismo creó: encontrado culpable del homicidio de Samuel Quilez, fue condenado a 11 años de prisión. Cuerpo, mente y alma fueron a parar a la Unidad Penal 54 de Florencio Varela, adonde entró con tan sólo 18 años, en 2011. Por buena conducta, el 30 de junio de 2018 le otorgaron la libertad condicional a este pibe que no tenía hijos en aquel entonces y hoy disfruta de dos. A los golpes maduró. Se curtió. Aprendió. Modificó su mirada de la vida. Renació como persona. Y conservó, casi sin proponérselo, al futbolista que en algún momento pensó que se había apagado para siempre. Hoy es parte de Berazategui, club de la Primera C con el que firmó contrato. Allí, el miércoles, afrontó su primera práctica. Estaba muy ansioso este conocedor de las ansiedades más profundas. Hizo sus confesiones…

-¿Imaginabas que ibas a volver a jugar al fútbol?

-Cuando estás ahí adentro es imposible hacer planes. Porque uno no sabe cuándo va a salir… "Tal fecha salgo, me pongo a entrenarme y todo volverá a la normalidad", me hubiera gustado pensar. Pero no era así. Ahí adentro, lamentablemente, no se pueden manejar los tiempos. Son bastante lentos. Si te ponés a planear cosas ahí adentro, vivís desilusionado. La cabeza juega un papel muy importante. Lo que pensaba era que, cuando saliera, me pondría a trabajar por mi hijo (Mateo, de cuatro años). Ya eso era una responsabilidad, alguien por quien cumplir. Necesitaba darle un plato de comida.

-Estuviste un tiempo entrenándote en Racing, en las Inferiores. ¿Cómo te surgió esa chance?

-Siempre estuve en contacto con Cecilia Contarino, la psicóloga del club que está a cargo de la pensión juvenil. Me conoce desde muy chico. Es una mujer que siempre estuvo pendiente de mis necesidades. No sólo cuando jugaba, sino también cuando estuve ahí adentro. Ayudó mucho a mi familia. Ella me iba a visitar por el cariño que me tiene. Yo le contaba que tenía miedo de salir y no conseguir trabajo. Es difícil que una persona te dé confianza después de estar privado de tu libertad. Ella me había prometido que iba a ayudarme, junto a Adrián Fernández (presidente del fútbol amateur). Son personas que me ayudaron mucho. Me dijeron que tenían un lugar para que yo trabajara. Y al mes de salir, empecé a trabajar en la utilería de Racing.

-Y seguramente te picó el bichito de empezar a entrenar ahí…

-No pensaba en volver a jugar. Sí me había metido en la cabeza la posibilidad de volver al estudio, de terminar una carrera. Pasaron los días, empezaron a ver que no estaba excedido de peso, que mantuve la figura que tenía cuando jugaba. Cuando me ponía a patearles a los arqueros, veían que algunas cualidades seguía teniendo… Me hablaban, me incentivaban, me decían que todavía estaba a tiempo, que me animara. Estando ahí, viendo a los chicos practicar y los partidos de Inferiores, se me empezaron a despertar un montón de recuerdos, de sensaciones. Y entonces, volví a entrenar. Hasta que por medio de un chico que yo conocía de General Alvear, empecé a jugar en esa liga.

-¿Cómo era jugar ahí?

-Era bastante fuerte en todo sentido… Se jugaba mucho con la boca, tratando de buscar mi reacción. Y pegaban bastante, bastante fuerte. Lo que me decían me entraba por un oído y me salía por el otro. Lo que me hacía enojar era que quisieran intimidarme. Yo nunca fui de achicarme ni esas cosas. Lo de las patadas era algo normal.

El futuro de Risso Patrón

-¿Y ahora qué esperás para lo que viene?

-Primero, a medida que fui entrenando y agarrando la pelota, me di cuenta de que no estaba tan mal como yo creía. Movimientos, el control de la pelota, la técnica… Eso lo mantuve. Y me dio más ánimo para esforzarme y meterle más ganas. Y te digo la verdad, este último mes que estuve en Racing (de regreso de General Alvear), practiqué a la par con chicos que bajaban de la Primera a Reserva, como Nicolás Muscio y Alexis Cuello. Vuelan, que están a un nivel muy alto. Y noté que en las prácticas de fútbol no desentonaba para nada. Me puse contento. Con ritmo de competencia, estando bien entrenado, puedo recuperar el nivel que tuve antes. Incluso, mejor todavía.

-Se te nota con mucha confianza, estás fuerte de la cabeza…

-Es que ya mi cabeza no es la misma de antes. Mi punto de vista cambió y creo que eso influye mucho a la hora de jugar. Hoy veo que los chicos de Inferiores pierden mucho el tiempo. Se distraen en un montón de cosas que no les van a servir para nada. Me dan ganas de hablarles, de abriles los ojos. Desperdician su tiempo, no se dan cuenta de que están pasando oportunidades o cosas que uno no sabe si la vida te las volverá a dar. En mi caso, cuando fui ahí adentro, era un nene de mente (18 años), inmaduro. No escuchaba, no razonaba. Los golpes, haber perdido tiempo, cosas queridas… A pesar de que fue muy doloroso, el sufrimiento me hizo crecer como persona, madurar. Me hizo entender muchas cosas, ver lo que antes no veía, escuchar a los que me aconsejaban para mi bien…

-¿Qué reacción tuviste cuando te comunicaron que salías?

-Te cuento algo que les dije a muy pocas personas. Porque hay gente que cree y otra que no. Siempre soy agradecido a Dios. Si no me hubiera ayudado a salir de ahí adentro, no sé qué habría sido de mi vida… Yo estaba en la iglesia. Estaba pasando una situación fea en lo emocional. Extrañaba cada vez más a mi hijo, a mi familia. En las primeras salidas transitorias, estaba todo el día con mi hijo y después me tenía que volver al penal. "No te vayas, quedate conmigo", me pedía mi hijo. Para mí era lo más doloroso. Me mordía, apretaba los puños para no llorar. Tenía que meter todas las lágrimas adentro y mostrarle una sonrisa para que él se quedara tranquilo. La estaba pasando cada vez peor yo. Volviendo a tu pregunta, unas horas antes de que me llegara la libertad, el jefe del penal me dijo: "Ayer lo vi a tu juez y me dijo que un fiscal se opone a que salgas. Te va a costar porque la causa volverá para atrás, vas a tardar uno o dos meses más". Me agarró mucha tristeza.

-Pero después de todo lo que esperaste, ¿no era poco uno o dos meses más?

-No, ahí adentro es mucho… En ese momento se me vino todo abajo. De ahí me fui a mi celda, me encerré solo. Me arrodillé y de nuevo empecé a pedirle a Dios que me diera fuerza, que me ayudara. Que, a pesar de todo, yo seguía creyendo en él. Justo en ese momento, cuando estaba arrodillado, escuché que me empezaron a llamar. Yo no me levantaba, seguía ahí. A la cuarta vez que me llamaron al área de audiencia, me dijeron que no iba a tener más salidas transitorias. "¿¡Por qué?! ¡Es el cumpleaños de mi sobrino, ya arreglé todo!", le decía. "Recién te llegó la libertad", me avisó. Me senté porque parecía que me bajaba la presión y me estaba por desmayar. No quise llorar delante de los policías, ¿viste? Pero le agradecí por todo porque nunca recibí malos tratos de nadie. Siempre trataron de ayudarme, tuve relación con todo el mundo. Me encerré solo en al celda, llamé a mi mujer y a mi vieja para darles la noticia.

-¿Quiénes te fueron a recibir?

-Mi hermano más grande con sus hijos, mi vieja, mi viejo, mi señora y mi hijo. Fue el momento más feliz de mi vida.

-¿Qué recordás de tu despedida del lugar?

-Llamé a toda la gente con que mejor me llevaba ahí adentro. Les agradecí por todo, los alenté a que sigan para adelante. Yo trataba de que proyectaran una vida mejor de la que habían tenido hasta ese entonces. Traté de ayudarlos. Incluso, desde otros pabellones fueron a saludarme. Se pusieron contentos.

-¿Se puede extrañar algo de ese ámbito?

-Ahí adentro llegué a apreciar a muchas personas. A pesar de que muchos están ahí por malas decisiones, atrás de eso hay personas, historias de vida, familias… Cuando uno presta el oído, uno entiende cuestiones conflictivas. Nadie quiere terminar ahí adentro, nadie nace para ser malo. Tiene que ver con la vida que uno lleva desde chico. la educación, el trato de los padres, la convivencia en la familia. Hoy tengo mi hijo y trato de cuidarlo de todo. Hay padres que no dejan salir a sus hijos a la calle para cuidarlos, pero adentro de la casa los descuidan. Es ahí donde más se marcan las vidas de las criaturas.

-¿Qué esperás de la sociedad después de estar preso?

-Estoy yendo al psicólogo en las semanas. El tema es qué hace uno con la opinión de los demás. Yo voy a seguir luchando pro lo que a mí me gusta. Porque detrás de mi sueño también están mis hijos.

-¿Y cómo fue readaptarte al afuera?

-Uno, cuando entra ahí, piensa: "¿Cómo alguien puede acostumbrarse a esta vida?". Pero lamentablemente te terminás acostumbrando y eso se vuelve parte de tu vida. Es tu realidad. Cuando salí me costaba relacionarme con la gente, aunque mi apariencia no era la de alguien que estuvo privado de su libertad. Gracias a Dios estuve bien en ese sentido. "Se te ve bien", me decía la gente. Por fuera me mostraba bien, pero por dentro sufría un montón. Tenía hasta miedo de andar en colectivo. Y me encontré con la SUBE, que no existía antes de que yo entrara ahí. No quería viajar solo por el tema de la inseguridad, era shockeante. Lo que más me impactó, lo que peor me puso, son los precios… Con 200 pesos yo ante llenaba en tanque del auto… Ahora mil pesos no te duran ni un día y medio. Por la ayuda de mi familia, todo se empezó a hacer más fácil. Y ahora disfrutó más.

-¿Qué cosas valorás más?

-Ahora, todos los días, cuando me despierto a la mañana tengo a mi nena, que es muy pegada a mí (Olivia, un año y dos meses). No se duerme si no está al lado mío. Apenas abro los ojos a la mañana, la veo a ella conmigo. Y la despierto a mi mujer. "No te imaginás lo feliz que soy de despertame todas las mañanas con ustedes", les digo. Para otros es algo normal, cotidiano, pero a mí me llena de felicidad.

-¿Les vas a contar a tus hijos lo que te llevó a la cárcel y lo que viviste ahí?

-Sí algún día me preguntan, no les contaré detalles, pero sí la experiencia para tratar de cuidarlos y advertirles para que ellos no repitan.

-Volvamos "ahí adentro", como decís vos. ¿Tuviste pensamientos oscuros?

-Sí. Además, varias veces ayudamos a pibes a descolgarlos para que no se ahorcaran. Uno ya conoce el ambiente. Con sólo mirar las caras, te das cuenta de quién la está pasando mal. Antes de conocer a Dios, muchas veces se me cruzó por la mente matarme. Mi vida no tenía sentido. No quería vivir más, no tenía esperanzas de salir de ahí. Mi peor momento fue a los seis o siete meses de mi condena.

-¿Y qué fue lo peor que viste en prisión?

-A veces la gente se escandaliza por lo que ve en las series, en las películas. Ahí adentro pasan las mismas cosas que afuera. Piensan que ahí adentro hay violencia y muerte… Y afuera hay violencia y muerte todos los días. Adentro hay drogas, afuera también.

-¿Tuviste miedo?

-Sí, es imposible no tener miedo. Cuando entré y sentía el clima de que algo estaba por pasar. Uno lo percibe. Por ejemplo, viví motines, pero no tan de cerca, sino más lejos de donde estaba yo.

-¿Cómo era un día tuyo?

-El mismo sistema te obliga a levantarte temprano, pero yo igual era de hacerlo. Te pasan lista y tenés que levantarte. Yo arrancaba a las 6.30. Tomaba mate, desayunaba, ordenaba y limpiaba un poco. Después, algunos hacen gimnasia, otros estudian… Yo leía la Biblia.

-¿Con cuántos internos compartías la celda?

-Eramos 14 para un lugar con cuatro camas. El resto, colchones tirados en el piso. Eso deja claro cómo se van superpoblando las cárceles…

-¿Veías algo de fútbol?

-Miraba muchos programas de deportes porque teníamos la posibilidad de tener DirecTV. Cuando veía los partidos, pensaba que yo podía estar jugando ahí. Tenía un amigo al que hice de Racing y le dije que cuando él salga, lo voy a llevar a la cancha de Racing.

-¿Cómo eran los picados en la cárcel?

-Heavies, je. Tiraban muchas murras. Pero yo también tiraba. Se apostaba por plata, asados… Ahí se podía comer asados si pedías permiso.

-¿Hubo gente que sentís que te abandonó y otra que te fue a visitar y no esperabas?

-Y… Hubo gente que se borró y ahora volvió a aparecer… Ahora les sigo hablando, pero selecciono a las personas que quiero cerca de mi vida. Y hubo gente que me acompañó siempre. Son a las que más valor les doy.

-Hablabas de retomar el estudio. ¿Qué te quedó pendiente?

-Primero, mi objetivo quiero dar las materias que me quedan del secundario. Son de 10 a 12 materias. En menos de ocho meses o un año las tengo que dar. Y después, arrancar alguna carrera.

-¿Qué mensaje dejarías después de lo que te pasó?

-Yo estuve al borde de quitarme la vida, sin esperanzas. Pero en el peor momento pude acercarme a Dios y eso me ayudó. Estando en Primera, lo primero que hicieron fue mandarme al psicólogo. Pero en el lugar menos pensado fue donde más me ayudó Dios.

-¿Estás ansioso por debutar en Berazategui?

-Estoy muy entusiasmado y feliz de volver a jugar. Estoy ansioso por empezar a entrenar ya, que llegue el miércoles. No veo la hora de estar de nuevo en una cancha, haciendo goles, viendo a mi familia feliz.

3 comentarios en “Risso Patrón: "Llegué a sentirme muerto"”

  1. un abrazo akd. bien fuerte RISSO PATRON.la vida continúa y el tiempo no para. determinación, garra y buenas elecciones de aquí para adelante con su familia,el gran pedestal donde se afirman los valores de todos los que habitamos esta Tierra. un abrazo akd para todos

  2. Soy un hombre de 64 años, podría ser tu padre, te deseo que puedas cumplir tus sueños, aferrate a tus afectos cercanos y sinceros y especialmente a Dios, ya comprobaste que Él nunca nos abandona, soy del interior donde la vida es bastante distinta a Bs As. Dale para adelante, no será fácil olvidar lo que pasaste pero vacía tu mochila y cargala nuevamente de las cosas pequeñas y hermosas que tiene. Termina el colegio y sigue adelante tienes muchas cosas lindas para disfrutar, rezaré por vos y tus sueños pibe. Dios y la virgen te acompañen a vos y a tu familia, disfruta que la vida es muy corta. Abrazo fuerte.

  3. MORO DE U. S. A
    FUERZA MUCHACHO.. TU. FORMA DE PENZAR..ES DE .... UN HOMBRE DE BIEN....EN LA. VIDA UNO
    NUNCA SABE A LO QUE PUEDE LLEGAR...ESO TE A PASADO.........SEGURO......... SIN DECEARLO
    TE DECEO LO MEJOR PARA VOS Y TU. FAMILIA...QUE SON.LOS .QUE MAS LO MERECEN..UN ABRAZO
    CHAU MORO DE U. S. A

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